viernes, 11 de enero de 2008

La vírgen María se la come entera



En ese tiempo, Judea era un pequeño y perdido lugar. Un paraíso de charlatanes y vulgares prostitutas.
No pensaba en nada más que en saciar mis instintos, en lograr sacar de mí ese líquido viscoso que resume todos mis deseos.

Se había propagado la historia que un hombre podía realizar actos sorprendentes, un hombre que se autoproclamaba "el hijo de dios con una vírgen". ¿El hijo de dios con una vírgen?, mi odio sincero a dios y a la virginidad sembraron en mí un interes casi diabólico.

Una docena de monedas y unas cuantas mamadas a pescadores locales me hicieron llegar al hogar del aberrante personaje, donde solo se encontraba su madre, Maria, de pechos firmes y pronunciados.

Me acerqué, y muy cerca de su cara exclamé:
- María, la más maldita entre las malditas, tu desdicha solo tiene un nombre, y se llama tormento divino.

Sin más, me dispuse a violarla, le arranqué sin dificultad su vestimenta e introduje mi lengua en su sucia vagina.

No hubo la violenta resistencia que yo tanto deseaba, se entregó por completo, como si en mí viera su salvación. Y yo lo lamenté, si yo algo buscaba era su estúpida perdición.

De pronto, ruidos desviaron mi tarea, un hombre acababa de entrar en el cuarto: Jesús.

Imaginen la sorpresa, el llamado Cristo abrió monstruosamente los ojos y lanzó un alarido fatal. Le lancé una sonrisa mientras jugaba con mi lengua en el culo de su madre.

Se lanzó sobre mí, pero lo envié al suelo con una patada en los testículos. Lo tomé del pelo y lo arrastré mientras él gritaba ensordesedoramente. No perdí el tiempo y con una soga lo sometí.

María gritaba, pero con un dedo se masajeaba el clítoris. Regresé a ella, que desesperadamente se lanzó sobre mi verga, me la chupó ruidosamente mientras me acariciaba las bolas.

Sin decir más, se tumbó de espaldas y me entregó el divino regalo que estaba entre sus piernas. Era una mujer sucia, su peste no tenía comparación. Había que ser un hombre realmente enfermo y acomplejado para cojérsela, y yo cumplía esas características.

Se la metí, con furia, como maldiciendo al creador y riéndome de mi victoria.

-Oh Jehová, que tu verga divina no sea misericordiosa con esta pecadora. - Dijo María, entre gemidos, mientras yo encajaba mis uñas en sus tetas bamboleantes.

Sin perder el ritmo, miré hacia atrás, el joven Cristo se estaba masturbando, con lágrimas en los ojos, mientras la soga le dejaba profundas marcas rojas en la piel.

Abofeteé a su madre mientras violéntamente me introducía en ella. Sus genitales se empezaban a llenar de sangre.

Me detuve. La volteé. Seguí en su culo, tenía ganas de vomitar.

Me apresuré a terminar, mientras María gemía cada vez más fuerte introduciéndose una vara por la vagina. El ritmo se aceleró y brotes de este veneno blanquecino llenaron el culo de la madre de dios.

Salí de su casa sin decir nada, rumbo a la montaña. Me alejé lo más rápido que pude.

No se puede mostrar la imagen “http://www.molly-web.com/plates/images/molly-9.jpg” porque contiene errores.

6 comentarios:

cristina damian dijo...

María,
puedes chupar todas la vergas que quieras
y seguirás siendo virgen.

R. D. Anazasi dijo...

juajuajuaaaaaaaaa oh mary you dirty mother fucker, mother of a holy repressed homosexual!!!!

Hipnosapista_reprimido dijo...

Es la primera vez que sólo tengo que criticarte algo, y es la poca longitud del relato. Porque uno quiere más y más perversiones tan bien narradas. Sin duda te superas día a día, y puedes pasar a la siguiente ronda.

¡Sigue así!

XD

http://es.youtube.com/watch?v=CmV4JPMaU44

Anónimo dijo...

Cuanta depravaciòn XD
Me imprecionas, aunque esta vez no logre una erecciòn porque este no es mi genero(mi tipo de degeneraciòn), te mereces un orgasmo por esto... te lo debo =p

di rato!, smuaxxx

Ojos Colgando dijo...

Hey, me ha gustado, es entrañable.

Anónimo dijo...

que degenerado más grande que tiene que inspirarse con las creencias profundas de los demás... no hay imaginación en tu depravación porque eres un enfermo

que triste...