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Al fin me aventuré a escribir una historia homo-erótica, a petición de Deadsito, al que, por supuesto, se la dedico. Abrazos vulgares para tí 

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Hacía frio esa noche, en el barrio, ese ecosistema donde se entretiene la más bella fauna nocturna: putas mal pagadas, bellos transexuales y todo un grupo de homosexuales sin pudor. Todo Gomorra se revolcaba de envidia en su tumba.
De vez en cuando aparecían parásitos sociales, los hipócritas defensores del moralismo fanático, líderes de ultraderecha con lujosas cruces vagaban por las calles contratando a los más hermosos travestis y a los más grandes gigolós, y preguntando, por supuesto, dónde podían conseguir sus dosis semanales de psicotrópicos. Hombres musculosos peleaban entre sí para ver quién podía darse el lujo de presumir el habérse clavado a la esposa del político conservador, o, al menos, haber hecho ceder al famoso pastor evangélico ante la punta de su verga.
Y allí estaba yo, en ese barrio, en el que, a veces pienso, nos autoexcluímos. ¡Bienvenido al ghetto de los desviados!. ¿Nos habíamos apartado de la sociedad? ¿O es que la sociedad se había apartado de nosotros quedándose estancada mientras nosotros avanzábamos?.
Mis solitarias y delirantes reflexiones fueron interrumpidas por una figura; un joven caminaba sin rumbo, un joven de linda sonrisa y rasgos felinos me veía a los ojos como intentando introducirse en mi mente... ya lo estaba.
Con su elegante caminar se dirigió, poco a poco, hacia mí. Yo, sentado, me regocijaba contemplándolo. Un pequeño vistazo a su gran bulto me bastó para desatar una batalla interna; ¿Debía levantarme, y, sin más, besarle tiernamente la entrepierna?.
Llegó hacia mí, al fin. Olía a tabaco, olor que siempre detesté, pero, que en ese momento me pareció el olor más sensual de todos, la fragancia misma que impregnaba Sodoma.
-¿Quieres que nos tomemos unas copas? - Dijo. El tono de su voz revelaba su inseguridad.
- Por supuesto, el alcohol, siempre me ha parecido lo mejor, después del orgasmo y la cojedera.
El joven rió un poco.
- A esa trinidad sí adoro.
Fuimos juntos, a la más vulgar de las cantinas, atendida por drag-queens y machorras iracundas.
Era la cantina más hermosa a la que yo había entrado, los más degenerados especímenes del underground se encontraban allí.
Consumimos litros del líquido espirituoso y él fumó unos cuantos cigarrillos. Ahora los 2 olíamos a tabaco.
Bailamos un poco, bajo luces y música que no me agradaba del todo; pero no me importó, la sensación de tener su lengua jugando con la mía curaba todo por ahora. Bailábamos sin ritmo, su mano en mi culo y la mía en su entrepierna; deseándonos.
Al fin, salimos al callejón, bajo la excusa de tomar un poco de aire, aunque ninguno de los 2 la creyó del todo. Ya afuera, contemplé el suelo de este templo de los placeres carnales: condones usados, colillas de cigarrillo, unos cuantos vellos púbicos (que, apilados, eran suficientes para elaborar una peluca) y algo de líquido fresco en el que decidí no abundar demasiado.
Sin prisas, se abalanzó hacia mí, me apoyó en la pared y nos dimos un largo y profundo beso, durante el cual, las caricias no fueron escasas y su endurecida entrepierna se pegó con la mia. Con bastante rapidez, le quité el cinturón, con miras a descubrir por fin lo que palpitaba dentro de sus jeens.
Se quitó su playera, su hermoso abdomen estaba adornado con lunares.
Me fascinan los lunares, y esos en particular recalcaban su belleza, como si la naturaleza hubiera escogido ubicarlos justamente para volverme loco de pasión.
Le desabroché el pantalón y su virilidad salió, golpeando con su ombligo. Introduje su deseado miembro en mi boca jadeante, jugué con el, lo lamí, chupé y mordí tiernamente su piel.
Gocé del delicioso sabor de su carne, y él gozó también, con los ojos cerrados y una apacible sonrisa cómplice.
Sentí cómo sus caricias en mi nuca me estremecieron de amor. Pero yo todavía seguía vestido, y eso lo incomodaba. Tomó entonces mi cabeza, y la alejó de donde yo ya me había aferrado.
Poco a poco me fué despojando de mi ropa, besando cada parte de piel que desnudaba, como si se presentara ante ella. Se detuvo en mi pezón, lo humedeció con su boca y su respiración hizo cosquillas en mi pecho.
Fue bajando poco a poco, su lengua hizo camino hasta mi ansioso pene. Miró hacia arriba y sonrió de nuevo, mientras con su boca practicaba el más bello arte.
Nos sumergimos en ello y perdimos la noción del tiempo.
A fin de cuentas, el decidió tomar la iniciativa, un poco de saliva como lubricante y ya me estaba haciendo el amor, rítmicamente, sobre un viejo escritorio que alguien habría colocado allí quizás para ese tipo de ocaciones. Me masajeaba el abdómen mientras sostenía mis piernas en sus hombros.
Yo, disfrutaba de sentir su cuerpo penetrando al mio, y me masturbaba mientras ambos gemíamos de placer.
Intercalábamos posiciones varias veces, ambos conocimos el cálido interior del otro. De vez en cuando, nuestras lenguas inspeccionaban minusciosamente cada rincón de nuestro compañero.
Lo hacíamos, a veces violenta, a veces románticamente, no dejábamos que se nos escapara ningún placer resultado de la ternura o de la furia.
El orgasmo se acercaba, mi miembro se introducía entre su ser mientras mi estómago jugueteaba con su espalda y mis manos con su palpitante pene.
Gritó de satisfacción mientras regaba por el suelo el blanco y cálido resultado de nuestra pasión.
Un chorro de este nectar salió de mí también, un poco dentro de él y otro tanto sobre sus perfectos glúteos.
De nuevo, un beso, esta vez con más amor y satisfacción que los anteriores.
Noté que el olor a tabaco había desaparecido, lo había sustituido el amoroso aroma de la piel, el sudor, y el semen, sinónimo de gozo compartido.
Nos vestimos, y volvimos al club, solo para saber que ya estaban cerrando.
Volvimos entonces, al lugar donde nos habíamos visto, ya estaba a punto de amanecer y ambos teníamos prisa de regresar a nuestros hogares, la calma del ambiente fué rota por nuestro sonoro beso, con el que nos dijimos adios, con el que parecía que nos prometíamos volver a gozar de nuestros cuerpos, algún dia, en ese mismo lugar.


2 comentarios:
=') que romantico
Historias como estas no se leen todos los días... es como una combinación de las fantasias del Marques, Genet, Bayly y el guapisimo Eber. El proximo orgasmo que logre seguro será por esta historia tan chida ^^
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Será cierto que te atraen los lunares? si es asi te tengo que presumir mi trasero algun dia XD tengo uno que te puede resultar atractivo... Eres tan degenerado X3 besos!
Además de todo lo que te dije, quiero añadir que es un buen relato, pero a título personal me gustaría más otro "de fantasía", con la virgen o jesucristo como principales
protagonistas. Si algún terrorífico puritano te denuncia cuenta conmigo para la defensa, yo llamo a los ninjas que sean necesarios.
La verdad esto me dio ideas, y estoy planeando ahora mismo hacer un relato erótico de algún tipo. Ya tengo a los personajes, pero no puedo decirlos porque es alta sorpresa.
Irreverentes saludos.
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