
Un ángel de luz, lujurioso, como todos, encontraba su pareja ideal en una mortal masoquista.
Pronto se convirtieron en los amantes y cómplices perfectos.
Cuando mi dolor conduce a mí placer.
Soñaba que me sometías, que me violabas.
Me amarrabas con sogas gruesas que lastimaban mi piel
Pero mis gritos desesperados significaban tanto dolor y placer
surgidos ambos de mi impotencia ante tí.
Muérdeme más fuerte. La sangre no tardará.
Cuando tu dolor conduce a mí placer.
¿Recuerdas cuando secuestramos a esa monja?
La suspendimos en en aire
mientras la golpeábamos con un hierro hirviendo
No podía escapar
pero entre sus lágrimas se escondían muchas gotas de gozo
mientras me veía morderle el clítoris
mientras te sentía explorando su culo con tu lengua
Cuando mi dolor conduce a tú placer.
Casi me perforas mi garganta
tu miembro fuerte y ágil se agitaba
mientras yo tosía
ángel mío
gozando de los castigos de Satán
Cuando tu dolor conduce a tú placer.
Te escuchaba chillar
cumpliendo las 120 jornadas de sodoma
tus chillidos agudos
insoportables
con su respectiva dosis de placer
siempre en exceso.

No hay comentarios:
Publicar un comentario