viernes, 29 de febrero de 2008


Hace años que
Sabir llevaba haciéndolo. Tomaba el libro, lo abría en una hoja cualquiera, y leía.

"...y a los temerosos de Alá se les deparará el éxito: vergeles y viñedos, doncellas de grandes senos, de una misma edad, y copas desbordantes... "

Sabir soltó una carcajada, no necesitaba de Alá para conseguir dichos placeres. No necesitaba a Alá en lo absoluto.
Al contrario: Alá se empeñaba en reducir el disfrute de su cuerpo lo más posible.

Pensamiento fulminante pasó por la cabeza de Sabir: El islam es una mierda.

Proseguía:
Sabir se quitaba su túnica. Su horrible túnica. Quedaba desnudo, con un enorme miembro erecto que se balanceaba. Se masturbaba, y pensaba en imágenes de mujeres libres, sin burkas, sin sus indignas burkas, sin nada que las cubriera, al fin eran libres... o al menos en su mente. Pero Sabir también pensaba en hombres. Sin turbantes, sin prejuicios, y también se masturbaba pensando en ellos.

Su masturbación era rápida, pero suave, y utilizaba su otra mano para comprender su cuerpo. Quería sacar el máximo placer de su cuerpo. Así que pasaba sus dedos por sus pezones, los introducía a su boca, a su culo, a sus testículos.

Sabir recordaba a esa mujer de ojos verdes que apedrearon la semana pasada. Era prostituta. La atraparon. Sabir había gozado con ella una vez, no cobraba muy caro, la mujer quería sobrevivir.

Otro pensamiento fulminante: La puta estúpida pudo haber cobrado mucho más.

La puta de ojos verdes tenía un cuerpo sensual, su sexo era cálido y Sabir se maravilló cuando se introdujo en él, en ese refugio húmedo, seguro.

Pero ella ya estaba muerta, y ahora los gusanos cojían con ella, suerte para ellos, sin duda.

Samir tomó el libro, lo usó para masturbarse, con él rodeó todo el tronco de su gran miembro y movió las caderas.

Jamás el libro le había sido tan útil en el pasado.

Samir también recordó a ese pescador que vió en el río, todos los fines de semana Samir va y lo observa. Tiene el culo más perfecto que jamás haya visto, quería poseerlo. Él nunca había tenido nada con ningún hombre, jamás. Pero se moría de ganas, aunque eso le traía imágenes a cabeza de parejas ahorcadas por el mismo motivo. Eso no importaba, Samir veía al pescador, sin camisa, sobre su balsa, y se imaginaba acarciando sus genitales.

Estaba pensando eso. En la puta de ojos verdes que se dejó penetrar por los dos lados, en cómo bailaban sus tetas de un lado a otro, en el pescador, en el bulto de sus pantalones que deseaba estar acariciando y besando.

En el nombre de Alá, el Compasivo, el Misericordioso.

Samir concluyó, justo encima del libro sagrado, del libro opresivo, que ahora era tan solo un receptáculo de su semen.

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domingo, 24 de febrero de 2008

Pietro Aretino (1492 - 1556)



- 1 -

Follemos, alma mía, vamos a follar
que para follar todos nacemos.
Si tu adoras el carajo, yo amo la higa,
y un carajo sería el mundo sin todo esto.

Y si follar después de muerto fuese honesto,
yo diría: -Moriremos de tanto follar
para más allá follar a Adán y a Eva,
que encontraron un morir tan deshonroso.

-De veras digo que si esos bribones
no hubieran comido la fruta traicionera, sé que hoy no retozarían los amantes.

Mas dejémonos ya de cháchara. Hasta el
corazón
hinca el carajo, y haz que allí se parta
el alma, que en la verga nace y muere.

Y, si es posible, fuera

de la higa no dejes los cojones,

del placer de follar siempre testigos.


-2-


-Méteme un dedo en el culo, viejote
e híncame la verga poco a poco.
Alzándome bien esta pierna haz buen juego.
Luego menéate sin remilgos.

Que a fe mía esto es mejor bocado
que comer pan tostado junto al fuego.
Y si no te place la higa, cambia el sitio
que no es uno hombre si no es bujarrón..

-Quiero hacerlo en el coño esta vez,
y esta otra en el culo: la verga en coño y
culo
me hará a mi feliz, y a vos feliz y beata.

El que quiere ser un gran maestro está loco,
pues no es más que un pajarito pierde tiempo
que en todo menos en follar se solaza.

Que la palme en el palacio
el cortesano, esperando que su rival muera,
que yo en darme a la lujuria solo pienso.


- 3 -

-Esta verga quiero yo, y no un tesoro.
Ella es la que procura la dicha,
es una polla digna de una emperatriz;
esta gema vale más que un pozo de oro.

Ay de mí, socorro polla, que me muero.
Trata de enfundarte en la matriz,
más al fin, la verga pequeña se desdice
si en la crica quiere actuar con decoro.

-Señora mía, es verdad lo que bien decís:
que quien tiene poca verga y folla en coño,
merecería un enema de agua fría.

Si es corta, que folle por el culo noche y día,
pero si es despiadada y fiera, como la mía,
que se desahogue siempre con los coños.

-Cierto, pero tanto nos deleitamos
con la polla, y tan divertida nos parece,
que ese obelisco delante y atrás tendremos.



- 4 -

-Tienes un buen rabo, grande y bello.
Venga, déjamelo ver, si es que me amas.
-¿Quieres probar a mantenerte
con él en el coño y conmigo encima?

-¿Que si quiero probarlo? ¿que si puedo?
Mejor esto que comer o que beber.
-¿Y si así tumbados, luego os desgarro
y os hago daño?. -Piensas igual que el Rosso.

Vamos, ponte en la cama o en el suelo
sobre mí, que si fueses Marforio
o algún gigante, más aún disfrutaría.

Pero alcanza la médula y los huesos
con esta verga tuya tan venerable,
que hasta protege a los coños de la tos.

-Abríos bien de piernas.
Puede que se vean por ahí mujeres
mejor vestidas, mas no tan bien gozadas


- 5 -

-¿Por dónde os la vais a meter?, responded,
¿por delante o por detrás? Quiero saberlo.
-¿Por qué? ¿es que os molestaría
si en el culo me la clavo, por desgracia?

-No, señora. Es porque el coño sacia
tanto a la polla que da poco placer.
Mas así lo hago yo por no parecer
un fraile Mariano, verbi gratia.

-Pues si la polla entera en el culo deseáis,
como anhelan los grandes, estoy contenta
de que con el mío hagáis lo que queráis.

-Agarradla con la mano y metedla dentro,
que tanta utilidad para el cuerpo encontraréis
como la asistencia a los enfermos.

Y yo tal gozo siento al sentir mi verga en la mano vuestra, que pronto moriré si ahora follamos.




viernes, 15 de febrero de 2008

Más del gran amor de Rimbaud

Verlaine (1844 - 1896)

MONTA SOBRE MÍ COMO UNA MUJER



Monta sobre mí como una mujer,
lo haremos a "la jineta".
Bien: ¿estás cómodo?... Así
mientras te penetro -daga

en la manteca- al menos
puedo besarte en la boca,
darte salvajes besos de lengua
sucios y a la vez tan dulces.

Veo tus ojos en los que sumerjo
los míos hasta el fondo de tu corazón:
allí renace mi deseo vencedor
en su lujuria de sueños.

Acaricio la espalda nerviosa,
los flancos ardientes y frescos,
la doble y graciosa peluquita
de los sobacos, y los cabellos.

Tu culo sobre mis muslos
lo penetran con su dulce peso
mientras mi potro se desboca
para que alcances el goce.

Y tú disfrutas, chiquito,
pues veo que tu picha entumecida,
celosa por jugar su papel
apurada, apurada se infla, crece,

se endurece. ¡Cielo!, la gota, la perla
anticipadora acaba de brillar
en el orificio rosa: tragarla,
debo hacerlo pues ya estalla

a la par de mi propio flujo. Es mi precio
poner cuanto antes tu glande
pesado y febril entre mis labios,
y que descargue allí su real marea.

Leche suprema, fosfórica y divina,
fragante flor de almedros
donde una ácida sed mendiga
esa otra sed de ti que me devora.

Rico y generoso, prodigas

el don de tu adolescencia,
y comulgando con tu esencia
mi ser se embriaga de felicidad.

BALÁNIDA


I

Es un corazón pequeño,
la punta al aire:
símbolo orgulloso y dulce
del corazón más tierno.

Lágrimas derrama
corrosivas como brasas
en prolongados adioses
de flores blancas.

II

Glande, punto supremo
del ser
del amado.
Con temor, con alegría
reciba tu acometida
mi trasero perforado

por tu macizo instrumento
que se inflama victorioso
de sus hechos y proezas
y entre redondeces se hunde
con sus ímpetus alevosos.

Nodrizo de mis entrañas,
fuente segura
donde mi boca se abreva,
glande, mi golosina o bien
sin falsos pudores,

glande delicioso ven
revestido
de cálido satín violeta
que mi mano se enjaeza
con un súbito penacho
de ópalo y leche.

Es sólo para una paja
apresurada que hoy te invoco.
Pero, ¿qué pasa? ¿Tu ardor se impacienta?
¡Oh, flojo de mí!

A tu capricho, regla única
respondo
por la boca o por el culo,
ambos listos y ensillados
y a tu disposición
maestro invicto.

Después, néctar y pócima
de mi alma, ¡oh glande!,
vuelve a tu prepucio, lento
como un dios a su nube.

Mi homenaje te acompaña
fiel y galante.